Coolasicecream's Blog


Everything is going to the beat
marzo 12, 2011, 6:48 pm
Archivado en: libros, yo

Suena Glory Box. La luz entra, roja, en la habitación. Te escribo desde mi cama, envuelta en mil cobijas, sola, con un dolor de garganta insportable. Tengo las palabras atoradas en la laringe, un grito que no sale y tampoco se extingue. Los sonidos, si no salen, duelen.

Vecino de otra época, te pienso a sólo unas cuadras de tu viejo cuartucho de Orizaba 212. Tan lejos del jazz, tan cerca de tu tristessa. Más cerca aún de aquel depa donde, quién va a olvidarlo, a B. le dio por sentirse Guillermo Tell… pero ya no hay que hablar de eso.

Si escribo esto es sólo con pretexto de tu cumpleaños, que por notar eso se me agolparon de pronto todos los recuerdos en los ojos como si viera una película: yo a los doce años, hurgando en la biblioteca entre los libros que la maestra jamás me hubiera pedido leer, el instante preciso en que tomé el libro de lomo naranja y leí las primeras líneas sintiendo que lo que iba a aprender ahí, era un tesoro prohibido. Yo sentada en la banca fría, temerosa de que me vieran leer lo tuyo, tan lleno de robos, de sexo, de alcohol, drogas, budismo y ciudades lejanas. Más relajados se veían los chicos espiando las páginas de una porno disfrazada de libro de matemáticas que yo.

Lo fue, seguro que lo fue, querido J., una sensación de miedo. Vértigo de voletar cada página y saber que en cada línea me encontraba de frente con lo que ya desde entonces suponía de mi misma. Terror de estar llenándome tanto de mí y de mis antojos  por medio de las letras de un desconocido que poco a poco me incrustaba en la mente el deseo de escuchar en los tugurios un poco de música improvisada, las ganas de vivir amores apasionados y tortuosos cuya pena final sólo se remedia al fondo de las botellas de los licores baratos, las ganas de aceptar la misión imposible de saciar mi hambre voraz por viajar, viajar siempre bajo cualquier pretexto.

*

El año siguiente (1996, era, imagínate) cuando vi Manhattan por primera vez, no paraba de pensar en ti. En que esas calles que yo cruzaba del brazo de mis padres debían ser las que tú explorabas, borracho de palabras que bailaban improvisando el beat.

Y luego volví a Nueva York una vez y otra y otra y regresaré siempre cuantas veces pueda. Ya te he visto de a poco: una vez vagando en el Village, la otra caminando en Columbia, perdida en Morningside Heights, padeciendo insomnio en el Hotel Chelsea… pero nunca te he encontrado del todo, malhechor talentoso, malviviente escurridizo.

Ahora suena Endlessly, de Muse y pienso en la vez que intenté hallarte en Frisco. Comí clam chowder en los puertos, leí tus haikus en City Lights. Me tomé una cerveza en Vesuvio y comí en el Chinatown. No me bastó. Es que estás en ningún lado y en todas partes…

He caminado sobre tus pasos en San Miguel de Allende, en el DF y en París, a donde volveré ya renunciando a ti, que te moriste tomando whisky hace ya tantos años, escritor atormentado, vagabundo del dharma, irresponsable… He ido tras tus pistas a casi todo excepto a Lowell, tu Lowell, donde no habría más que ver que una lápida y debajo de ella el cadáver del cadáver de tu cadáver… para qué ver tu tumba. Perdóname por no llevarte flores, pero es que prefiero escribir desde mi cama. Soy muy mala para esto, no te sirvo para fan.

Sin embargo te escribo, cursi, para darte las gracias aprovechando que hoy -al menos una poquita porción de gente en el mundo- se acordará de ti. No habría por qué rendirte tributo si fui yo misma quien abrió esos libros, quien decidió leerlos hasta el final, pero es que lo que encontré en tus letras es lo que nunca me hubiera dicho nadie. Han pasado 15 años desde que tomé aquella copia de tu novela máxima y ahora, creo, entiendo que ya no debo buscarte porque hace mucho que tú me encontraste a mí.

Mi cuerpo no tiene tatuajes, porque se me quedó esta frase tuya impregnada en la piel: «…the only people for me are the mad ones, the ones who are mad to live, mad to talk, mad to be saved, desirous of everything at the same time, the ones who never yawn or say a commonplace thing, but burn, burn, burn like fabulous yellow roman candles exploding like spiders across the stars»… y como me hace sufrir, hay veces que quiero, pero nomás no me la puedo quitar.

Suena Soul Love, de Bowie, mientras pienso en un remate, pero en realidad ya no tengo nada que agregar.

Feliz cumpleaños, querido Jack.

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